Ciudadanos levantó el veto que Albert Rivera le había puesto al PSOE antes de las elecciones pero enfrió las expectativas sobre los pactos postelectorales apenas 24 horas después. Sin embargo, el líder del partido naranja ha encontrado en Castilla y León el primer escollo en su plan de tener al PP como «socio preferente» y, en Barcelona, Manuel Valls ha ido por su cuenta al ofrecer su apoyo gratis a Ada Colau para evitar un gobierno municipal de ERC mientras que la dirección de Ciudadanos ha metido al PSC en la ecuación. Entretanto, el PSOE sigue con su estrategia de presión situando a Ciudadanos de la mano de la extrema derecha de Vox con la intención de que haga mella y acabe decantando algunas balanzas, entre ellas la de la Comunidad de Madrid, a su favor.

Ciudadanos ha endurecido su postura sobre los acuerdos postelectorales con el PSOE en apenas un día. La portavoz nacional, Inés Arrimadas, abrió el lunes la puerta a la posibilidad de negociar no solo con el PP, también con el PSOE, en algunas comunidades en las que los de Rivera son la llave para configurar gobiernos. Aunque Arrimadas no mencionó ninguna autonomía en concreto, en la dirección admitieron que se referían a Castilla y León, Aragón, Murcia e incluso a Madrid, donde Begoña Villacís tendió la mano a Pepu Hernández -para que apoye su candidatura- en una operación que requeriría el apoyo del PSOE y también de Más Madrid y que tendría como contrapartida que Ángel Gabilondo fuera presidente de la Comunidad con el apoyo de Ciudadanos.

«No se trata de ver quién pilla cacho en cada lugar», matizó Arrimadas, desmintiendo tal operación y reconociendo que el «socio preferente» para acuerdos será el partido de Casado. En Ferraz, que inicialmente también rechazaron esa jugada –que la vicesecretaria general, Adriana Lastra, calificó como «mercado persa» e «intercambio de cromos»–, ahora «no descartan» ese movimiento con el reconocimiento de que obligaría a Ciudadanos y también a Más Madrid a retratarse.

Pepu Hernández ha abierto la puerta a intentar la ‘Operación Villacís’ como fórmula para que la extrema derecha no condicione el Ayuntamiento de Madrid. Fuentes de la dirección del PSOE madrileño no se cierran a intentar esa maniobra que llevaría como contrapartida el apoyo de Ignacio Aguado a Ángel Gabilondo. «La pelota está en el tejado de Ciudadanos», dicen esas fuentes. En Moncloa creen que tiene pocas posibilidades de prosperar, pero creen que «hay que esperar», según las fuentes consultadas por eldiario.es.

En la ecuación deberían entrar también Manuela Carmena –la más votada debería dejar gobernar a la tercera fuerza con su apoyo– e Iñigo Errejón en la Asamblea de Madrid, cuyos 20 escaños serían fundamentales. «¿Carmena y Errejón van anteponer sus intereses a que la extrema derecha gobierne?», se pregunta un dirigente socialista madrileño. Para los socialistas madrileños la operación podría saldarse con el Gobierno de Gabilondo mientras que la alcaldía de la capital la tienen perdida en todo caso y, de no salir adelante, quedaría claro que Ciudadanos se decanta por el PP y Vox.

Endurecimiento de Ciudadanos: aplicar el 155

Ciudadanos enfrió el martes las posibilidades de entendimiento con el PSOE cuando, tras el Comité Nacional de Negociación de Gobiernos, el secretario general del partido, José Manuel Villegas, establecía cuál va a ser el listón para poder llegar a acuerdos: que los barones renuncien a la política territorial de Pedro Sánchez y se comprometan por escrito a «no negociar ni con los populistas ni con los secesionistas», así como a apoyar la aplicación del artículo 155 en Catalunya. Unas exigencias que Ciudadanos sabe que son difíciles de asumir para los candidatos del PSOE porque supondrían renegar del líder socialista. En el caso de Luis Tudanca, es uno de los líderes territoriales que estuvo al lado de Sánchez desde el principio y también comparte su visión de la España como «nación de naciones».

En Barcelona, la alianza entre Manuel Valls y Ciudadanos podría saltar por los aires 72 horas después de las elecciones municipales. La oferta de apoyar, sin pedir nada a cambio, una investidura de Ada Colau para evitar un alcalde independentista ha enfadado al partido naranja, que ha desautorizado a su candidato minutos después de la rueda de prensa en la que Valls ha lanzado su propuesta.

Sólo media hora después de que Valls asegurara que hablaba en nombre de sus seis concejales -de los cuales tres pertenecen a Ciudadanos- el partido mandaba un comunicado en el que desautorizaba a su candidato. Si Valls había asegurado que ofrecía sus votos «sin condiciones» a Colau, el partido respondía que los ofrecía «con condiciones» al candidato del PSC, Jaume Collboni. «Los concejales de Ciudadanos negociarían con un candidato que no sea ni independentista ni populista y la única opción que reúne esas condiciones es Collboni», señalaba el partido.

Además, el mismo miércoles por la mañana, el presidente del grupo parlamentario  de Ciudadanos en el Parlament, Carlos Carrizosa, había anunciado que el partido iba a decidir la política de pactos en un órgano conjunto creado ad hoc con la Plataforma de Manuel Valls. Ese debería ser el órgano que se encargaría de hacer la propuesta para elevarla después al Comité Nacional de Negociación de Gobiernos. Pero Valls ha preferido ir por libre.

«Esto no va a acabar bien», explicaba una fuente del grupo parlamentario de Ciudadanos este miércoles. En el partido están cada vez más molestos con Valls y nadie da por hecho que la coalición continúe si su candidato accede finalmente a dar sus votos a la actual alcaldesa de Barcelona. Las relaciones entre Valls y Rivera son cada vez más tensas y fuentes de los dos lados reconocían el lunes que apenas hay contacto entre ambos. Ni Valls ni Rivera quisieron fotografiarse juntos durante las dos últimas campañas electorales y la formación ha dejado las relaciones con Valls en manos de Inés Arrimadas, con quien tiene una mejor sintonía personal.

El exprimer ministro francés también amenazó la noche electoral con romper  su alianza con Ciudadanos si pactaban con Vox. Esa es una de las bazas que está exprimiendo Pedro Sánchez, que decidió reunirse con Emmanuel Macron horas después de cerrar las urnas. El mensaje de Moncloa es nítido: dejar claro a Rivera que sus socios europeos aíslan a la extrema derecha. De hecho, fuentes gubernamentales dejan en el aire que Macron vaya a mantener la alianza con Ciudadanos: «Es muy difícil que pueda entrar en ese grupo liberal alguien que pacte con la extrema derecha. Está en el ADN liberal que eso es imposible».

El candidato en Castilla y León quiere cambio

La otra vía de agua que se le abre a Rivera está en Castilla y León, con el candidato a la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, el hombre que plantó cara al ‘aparato’ que se presentó a las primarias cuando Albert Rivera fichó a la expresidenta de las Cortes Silvia Clemente, y el que llamó desde los juzgados anunciando que denunciaría el pucherazo que le había desbancado si paralizaban la proclamación, ilegal, de su rival. En estas elecciones, Ciudadanos ha pasado de tener cinco escaños en las Cortes a 13.

Igea ha tenido que admitir a un puñado de proclementistas en su lista autonómica, pero no va a ceder mucho más. Si Clemente no era regeneración porque venía del PP y formó parte de su equipo de Gobierno en la Junta durante tres décadas, difícilmente puede seguir hablando de regeneración si pacta con el PP para mantenerlo en el poder: «El PP pierde 13 escaños y se queda con 29 de un parlamento de 81. La población castiga años de soberbia y clientelismo. Es el fin de una era», escribía Igea el martes en un largo post de Facebook. Confirmó todos sus postulados este miércoles, en una entrevista en el programa de Ana Rosa Quintana.

El mensaje para la dirección de su partido fue directo: «Los votantes no entenderían que las cosas siguieran igual. Lo que nadie puede pretender es que las cosas sigan igual cuando uno (el PP) se queda con 29 escaños, eso sería no respetar la voluntad de los votantes, ¿cómo vamos a leer este resultado? Pues para eso está este periodo de negociación. Se ha acabado la soberbia, se ha acabado el clientelismo, hay libertad y habrá cambio seguro», señaló. Y fue más allá repitiendo lo mismo que ha dicho durante la campaña: «Esta Comunidad, lo han dicho los ciudadanos, está cansada de 32 años de mayoría absoluta del PP de clientelismo, de soberbia», apuntó.

Igea precisó que la negociación no ha empezado. No lo hará hasta que el comité de acuerdos «empiece a funcionar», pero para ello, dijo, «hay que saber leer los resultados», porque «el resultado es que en Castilla y León no hay una mayoría de izquierdas y no hay una mayoría de derechas». En referencia a Podemos y a Vox, con un solo escaño cada uno, recordó que «los populismos de izquierda y derecha han fracasado» y que «el mensaje de la ciudadanía» es que Castilla y León necesita «un cambio real, reformista desde el centro». «No hemos venido aquí a que las cosas sigan igual y no sé por qué se sorprenden», aseveró.

Sobre las estrategias y el peso que pueden tener los ‘barones’ autonómicos, Francisco Igea reconoció que hay «una estrategia nacional» y que «es igual en todos los sitios». «Pero, también es verdad que el partido quiere que sus representantes, que sus candidatos en cada comunidad autónoma, que conocen la historia de la comunidad, que conocen los datos, que conocen la situación, sean escuchados y naturalmente van a participar», avanzó. Recordó que es miembro de la ejecutiva nacional, «solidario con las decisiones de la Ejecutiva» y candidato por Castilla y León, «como lo son otros en Aragón o en Madrid». Pero matizó: «Aquí la única diferencia es que hubo un proceso de primarias, previsto en el partido, y que lo gané yo». El respaldo de la militancia y los resultados electorales hacen fuerte a un Igea que pretende que nada siga igual.