El mercado laboral no puede entenderse sólo como un espacio de productividad y cifras. El empleo es una herramienta de dignidad, autonomía personal y  cohesión social. Por eso, cuando hablamos de políticas activas de empleo, hablamos de personas, familias y oportunidades reales para quienes encuentran dificultades para acceder a un puesto.

En La Gomera conocemos bien esa realidad. Somos una isla con una estructura social, territorial y económica singular, donde cada medida pública debe responder a las circunstancias de nuestra gente. Una de ellas es la situación de muchas personas mayores de 60 años que, después de una vida de esfuerzo, se enfrentan a obstáculos para reincorporarse al mercado laboral.

A esa edad, perder un empleo o no poder acceder a uno nuevo no es solo un problema económico. También puede dificultar completar cotizaciones y alcanzar la jubilación con garantías, por lo que no podemos permitir que quienes han contribuido al desarrollo de esta isla queden al margen por edad.

Desde el Cabildo de La Gomera llevamos dos años impulsando medidas para abrir oportunidades, reforzar la protección social desde el empleo y demostrar que las administraciones públicas deben estar al lado de quienes más lo necesitan.

La segunda edición del programa de inserción laboral para mayores de 60 años refleja ese compromiso. Con una inversión de 3,4 millones de euros, ha permitido la contratación de 155 personas desempleadas en los seis municipios de la isla. Se trata de una línea de trabajo destinada a fortalecer el empleo, atender a colectivos con mayores dificultades y garantizar que el desarrollo llegue equilibradamente a todo el territorio.

Estos programas tienen un doble valor. Generan empleo directo para personas que necesitan una oportunidad laboral y, al mismo tiempo, mejoran servicios públicos: mantenimiento de infraestructuras, limpieza y acondicionamiento de zonas verdes, caminos y vías.

Es más que evidente que para que esto funcione la cooperación con los ayuntamientos es fundamental. La Gomera se construye desde sus pueblos y distribuir las contrataciones entre los municipios garantiza equilibrio territorial y eficacia en la respuesta a necesidades cotidianas de la ciudadanía.

También debemos reivindicar el valor de la experiencia. Las personas mayores de 60 años no son un problema para el mercado laboral; son parte imprescindible de él. Aportan conocimiento, responsabilidad, oficio y compromiso. Frente a la barrera injusta de la edad, defendemos una idea clara: la experiencia también es talento y debe tener espacio en las políticas de empleo.

Una sociedad justa debe acompañar tanto a los jóvenes que inician su trayectoria profesional como a quienes están en la etapa final de su vida laboral. El empleo debe ser un derecho efectivo y una oportunidad accesible, con planificación, inversión y sensibilidad social.

Porque detrás de cada contrato hay una familia que gana estabilidad y una isla que se beneficia del trabajo realizado, porque una isla que quiere avanzar no puede dejar atrás a quienes todavía tienen mucho que aportar.