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Parar la guerra, combatir sus consecuencias

Román Rodríguez, Román Rodríguez es secretario nacional de Estrategia, Programa y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc

La tregua alcanzada in extremis por la mediación de Pakistán frena, al menos de momento, la salvaje amenaza de Donald Trump contra Irán, dispuesto el presidente de Estados Unidos a llevar a cabo el completo exterminio de un pueblo. “Morirá una civilización entera esta noche”, dijo, en un discurso claramente genocida que no se corresponde con el dirigente de ningún país democrático, con un mínimo grado de civilización, humanidad y respeto a las normas internacionales. Mientras tanto, las consecuencias económicas y sociales de esta guerra ilegal e inmoral se expanden globalmente y los gobiernos de los diferentes estados y comunidades adoptan medidas para intentar mitigarlas.

Hemos vivido conflictos muy relevantes en los últimos años, como la invasión rusa de Ucrania, en la que hubo una respuesta de la comunidad internacional, con distintas sanciones económicas y hasta deportivas al agresor, a la Rusia de Putin. No sucedió lo mismo con el genocidio israelí en Gaza, en el que se permitió la barbarie de Netanyahu sobre la población civil palestina, incluido el asesinato de miles de niños y niñas; sin consecuencias para el brutal agresor. Y, tampoco, en el caso actual de la guerra contra Irán (y contra el Líbano por parte de Israel), en la que ha faltado más determinación de la comunidad internacional y, en particular, de la Unión Europea.

Derechas cómplices y consecuencias de la guerra

Nos encontramos, además, ante una clara complicidad de las derechas estatales y canarias, que se niegan a apoyar el rechazo a la guerra y la defensa del derecho internacional planteados por el Gobierno central. Complicidad por parte de Vox, por su entusiasta apoyo a Trump y su desatada e irracional violencia. Pero también por un PP que justifica la acción bélica y por una CC que mira para otro lado.

Resulta muy complicado vaticinar las consecuencias a corto, medio y largo plazo de esta guerra. Pero serán, sin duda, importantes. Algunos expertos apuntan, entre otras, a un bajo crecimiento económico a nivel mundial, una elevada inflación y una nueva crisis financiera, similar o incluso más profunda que la de 2008. Llevando a otros a no descartar una etapa de estanflación, es decir, un escenario de bajo crecimiento económico y alta subida de precios. Proyectando efectos directos mayores en los países empobrecidos y, globalmente, sobre las rentas más bajas, especialmente por la previsible subida del coste de los alimentos.

Por otra parte, respecto a sus implicaciones en el plano de la energía, los analistas destacan que en Europa todo apunta a que saldrán mejor parados estados como Francia, por el fuerte peso de las nucleares, y España, por la presencia cada vez más relevante de las energías renovables. Teniendo peores perspectivas Italia o el Reino Unido, que tienen una mayor dependencia de los combustibles fósiles.

Se prevén, asimismo, preocupantes consecuencias en el sector del transporte aéreo. Entre ellas la falta de combustible para los aviones. La falta de queroseno comienza a suspender vuelos en algunos países y la cosa puede agravarse si se prolonga el conflicto bélico. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), advierte que esta guerra afectará a 135 millones de viajes en todo el mundo, impidiendo viajar a más de 526.000 pasajeros cada día debido a la reducción de vuelos. Además, el notable incremento del precio del combustible de aviación puede impactar significativamente sobre el precio de los billetes. Asunto muy sensible para Canarias, una comunidad fragmentada, en la que la navegación aérea es esencial, y dependiente del turismo.

Medidas ante la crisis

Considero que el objetivo prioritario continúa siendo poner fin a esta guerra, que viola gravemente las normas internacionales, que causa una enorme destrucción de infraestructuras básicas y pérdida de vidas humanas, que alimenta el odio, situando al planeta al borde del abismo. Así como la imperiosa necesidad de construir un mundo basado en el derecho internacional, en la multilateralidad, en la cooperación y la paz entre los pueblos, frente a la ley del más fuerte y el más descarado imperialismo que estamos sufriendo en esta dramática etapa.

Y que corresponde, también, la toma de efectivas decisiones de las distintas administraciones para atenuar sus consecuencias en la economía y en el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas, especialmente de los sectores más vulnerables, evitando un mayor empobrecimiento.

El Gobierno estatal ha movilizado 5.000 millones de euros con 80 medidas, la mayoría dirigidas a transportistas y al sector primario, que intentan contribuir a paliar la crisis económica derivada de la guerra.  Así como un paquete de medidas estratégicas para garantizar la eficiencia energética, fomentar la electrificación industrial y residencial y facilitar el acceso a la energía para consumidores electrointensivos.

En una de sus escenificaciones habituales, el Gobierno canario de CC y PP montó en colera ante el Plan estatal para finalmente aceptar su contenido y cantidades, 15 millones, el 0,3% de esos 5.000 millones. Por nuestra parte, no nos cansaremos de reclamar que los distintos planes estatales anticrisis tengan en cuenta las especificidades fiscales, económicas, sociales y territoriales de las Islas.

Po su parte, las nacionalidades y regiones también van a llevar a cabo un esfuerzo complementario al estatal que sobrepasa, de momento, los 2.300 millones de euros. Con Euskadi a la cabeza, aportando más de 1.000 millones para proteger a su industria; y Cataluña, que destina 500 para apoyar a los sectores económicos más impactados, incluyendo en su plan partidas específicas para proteger el poder adquisitivo de las familias. Por encima de los 150 millones se sitúa el aporte de comunidades como Castilla y León, Galicia o Baleares.

¿Y Canarias?

En este contexto, las medidas anunciadas por el Gobierno de Canarias de CC y PP solo pueden ser calificadas de absolutamente insuficientes y cicateras. Con un coste fiscal ridículo de 29,8 millones de euros. Realmente penoso que un gobierno que dispone de 12.500 millones de presupuesto inicial (que serán al menos 13.500 millones en el crédito definitivo) y al que, como hemos visto en esta legislatura, le sobran en sus presupuestos más de 1.000 millones cada año, dedique a combatir esta crisis menos de 30 millones, de los que la mitad provienen del Estado.

Además, el Gobierno canario de las dos derechas no incluye ninguna medida para los sectores de renta más vulnerables: no se sube la renta de ciudadanía ni hay ninguna medida en el IRPF para ayudar a las rentas más bajas, como sí hizo el anterior gobierno frente a las consecuencias inflacionistas de la guerra de Ucrania. Las ayudas directas son completamente ridículas: 7,2 millones para los sectores industrial, agrario, ganadero y pesquero. Asimismo, incluye como medida anticrisis elevar a 50.000 euros el volumen de operaciones de los trabajadores autónomos que quedan exentos de pagar el IGIC, medida ya prometida antes de esta guerra.

En definitiva, el decreto anticrisis del Ejecutivo de Clavijo es pura propaganda sin sustancia ni compromisos efectivos con la gente en esta complicada coyuntura económica y social que puede prolongarse durante mucho tiempo y que castiga al conjunto de la sociedad, pero especialmente a las personas con menos recursos.

Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista seguiremos oponiéndonos a esta guerra y denunciando a quienes la han promovido. Y, asimismo, continuaremos reclamando un auténtico plan que mitigue los efectos de la crisis. Aumentando la Renta de Ciudadanía con la puesta en marcha de los complementos de vivienda y educación, declarando zonas residenciales tensionadas, promoviendo rebajas fiscales a las rentas medias y bajas y ofreciendo más partidas para apoyar a los sectores productivos. En el marco de su autogobierno, Canarias cuenta con competencias y recursos para hacerlo. Pero, lamentablemente, tiene un Gobierno sin voluntad alguna de afrontar con el rigor y las efectivas medidas económicas y sociales que se precisan esta grave crisis ocasionada por la guerra promovida por Estados Unidos e Israel.

Román Rodríguez es secretario nacional de Estrategias, Programas y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc).

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