San Sebastián de La Gomera

La llegada continua de viajeros y turistas extranjeros a partir sobre todo de la segunda mitad del siglo XIX no se puede explicar sin la presencia del comercio de las islas con otros países europeos, sobre todo con Inglaterra. Por ejemplo, no podemos olvidar que la construcción de los puertos de La Luz y de Las Palmas y de Santa Cruz de Tenerife incrementó el interés británico por Canarias, a causa de su estratégica posición en un punto intermedio para sus incursiones al continente africano, verdadero objetivo de ese Imperio.

El inicio del movimiento turístico en las islas estuvo determinado por factores como la mejora en los transportes y medios de comunicación de las islas capitalinas. Al aumento del movimiento migratorio, y a la creciente moda del viaje, se sumaría la propaganda que la propia colonia británica residente en Canarias hacía entre sus compatriotas, fomentando así el turismo en las islas. Todo esto hizo que Canarias y La Gomera fueran conocidas internacionalmente. De este modo, el número de publicaciones inglesas (también francesas y alemanas) sobre La Gomera aumentó considerablemente durante el ochocientos.Autores extranjeros como la inglesa Olivia Stone o el profesor francés René Verneau, se interesarían por las bellezas naturales de nuestra isla y se hospedarían durante varios días en nuestra isla.

Pero esa relativa facilidad que tenía ya el extranjero para llegar a Tenerife y a Gran Canaria contrasta con la dificultad que suponía lograr visitar La Gomera; debido sobre todo a la ausencia de una línea regular de barcos, a la inexistencia de un puerto que facilitara el desembarco en nuestra isla y a la escasez de lugares de hospedaje. Así lo relataba el autor John Whitford en su obra en su obra Las Islas Canarias, un destino de invierno(1890):

“La mayoría, que acude a Canarias en invierno bien por romper con la monotonía en que se ven sumergidos o bien por cuestiones de salud, no soportará los espantosos hostales que existen en estas islas (escasos en muchos de sus pueblos)”.

Otro elemento importante era el mal estado de los caminos que comunicaban la capital gomera con el resto de pueblos de la isla.

A todo esto que hemos mencionado debemos añadir un factor determinante: el incremento de las relaciones comerciales entre Europa (sobre todo Inglaterra) y Canarias. Sobre todo con la introducción y expansión del cultivo del plátano y del tomate en nuestro valle, y la instalación de empresas inglesas vinculadas con la exportación frutera como FyfffesLimited, animará a muchos compatriotas británicos a visitar La Gomera (de hecho uno de los viajeros, David Bannerman, se hospedará en la Casa Fyffessituada en Hermigua). Por tanto, las relaciones comerciales y el gusto por viajar, irán de la mano, o dicho de otra

¿Qué importancia tiene las diferentes descripciones que nos han legado los viajeros que visitaron nuestro municipio?  Para los historiadores esos relatos y crónicas de viajes tienen un valor incalculable: nos explica al detalle los ciclos económicos de que experimentó la isla (desde el auge y la crisis de la producción de la cochinilla, hasta la aparición y expansión del cultivo del plátano), los productos más necesitados por los gomeros de la época, las costumbres diarias y gastronómicas de los vecinos de la isla, cómo era la vestimentas de nuestros abuelos y bisabuelos, o incluso interesantes detalles sobre el silbo gomero como lo hizo René Verneau en sus visita  Hermigua a finales del XIX:

“Nuestra llegada a Hermigua, fue comunicada mediante `el telégrafo gomero´, es decir, a través del silbo gomero. La cosa es muy simple –nos explica Verneau-: un hombre sube a una montaña y hace llamadas estridentes mediante el silbo. Tan pronto como se responde en la dirección deseada, se transmite su mensaje a otro hombre que, a su vez, opera de la misma manera. Gracias a este peculiar modo de comunicación, dos horas después de nuestra llegada, podíamos darle la mano a toda la familia de Don Fernando –el anfitrión de Verneau-“.

Esta es la lista de los principales viajeros extranjeros que visitaron nuestra isla:

OLIVIA STONE 

En 1883 Olivia Stone llegaba a Canarias junto a su marido J. Harris Stone. Su obra Tenerife y sus seis satélites  recopila las experiencias de su estancia en las islas y sus páginas van más allá de la mera descripción. La autora compara lo visto con otros lugares y continuamente se aventura en reflexiones críticas e interesantes. La de ella es una mirada inquieta, culta y experimentada, afanada por contemplar otros mundos. Según ella, viajar es vital para el espíritu y en su obra también reflexiona sobre este hecho: «Cuánto aventaja el joven que viaja al que ha quedado refugiado en casa». Recorrió sin excepción todas las islas y nos legó un relato extenso, completo y minucioso en la descripción de la vida cotidiana de los gomeros, los asuntos públicos, la educación, la historia y el paisaje.

JOHN WHITFORD 

Su obra TheCanaryIslands as a Winter Resort (Las Islas Canarias, un destino de invierno) se publicó en Londres en 1890. Su autor, John Whitford, fue un viajero inglés aquejado de reumatismo que recorrió el Archipiélago con una pesada cámara foto­gráfica a las espaldas. En su portada aparecía una bella fotografía de un drago con el Teide al fondo y servía como magnífico reclamo publicitario del propio libro y de Canarias como destino turístico medicinal. Este libro está escrito con sencillez y gracejo, y Whitford no pierde oportunidad para lanzarse a la admiración de paisajes ni se reprime al convertir en una gesta novelesca el más modesto de los trayectos.

RENÉ VERNEAU 

René Verneau fue un médico y antropólogo francés nacido a mitad del siglo XIX que estuvo en Canarias en seis ocasiones visitando La Gomera hacia 1888-1890. La segunda estancia de Verneau en las islas tuvo lugar seis años después de la primera. Entre las dos ocasiones permaneció en las islas algo más de cinco años. De ahí el título de su obra más conocida: Cinco años de estancia en las islas Canarias. En sus textos da cabida a muy diferentes cuestiones del ámbito gomero: su curiosidad por el silbo gomero, intenta demostrar que la mayoría de la población gomera es de origen prehispánico, da constancia de la caída de la explotación de la cochinilla, y aboga por la vuelta de la producción intensiva del vino. Insinúa asimismo las posibilidades incipientes del turismo de invierno que podría tener La Gomera, etc. Aunque muchas de sus afirmaciones sean hoy en día incorrectas o por lo menos muy discutibles, los relatos de Verneau sobre La Gomera siguen siendo de gran valor para los historiadores.

DAVID BANNERMAN 

David Bannerman, nacido el 27 de noviembre de 1886, formó parte del personal del Departamento de Historia Natural del Museo Británico por lo que comenzó a viajar por el mundo como naturalista y ornitólogo. En 1908 comenzó la primera de una larga serie de expediciones a las Islas Canarias que culminarían con la publicación del primer catálogo completo de la avifauna canaria a lo largo de los años 1919 y 1920, y la publicación de su libro: TheCanaryIslands. TheirHistory, Natural History and Scenery. Por otro lado, Bannerman también fue un miembro muy activo en los primeros movimientos internacionales de conservación medioambiental y figuró en muchos comités para la protección de las aves. En 1963 escribió algo muy importante: «la fauna canaria es única; deberíamos conservarla para las generaciones venideras».

BARONESA VON POMMER ESCHE 

Catalina de PommerEsche nació en Berlín en 1852 y pertenecía a una renombrada familia de la nobleza alemana. Viajó a Canarias en 1905 aquejada de una enfermedad  y escribió su libro llamado Die CanarischenInseln (1906). Pero es en 1910 cuando, la baronesa Catalina de PommerEsche visita nuestra isla. La baronesa dedica parte de su tiempo para pintar en sus cuadros el paisaje gomero que tanto le fascina. Es tal el amor que tenía por La Gomera esta viajera, la baronesa Catalina, que escribió un libreto para una ópera titulada «Gomera» que se estrenó en el teatro imperial de Berlín a finales de 1911.

Los relatos de estos viajeros que visitaron La Gomera afinales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, dotados de una sólida capacidad de observación, suponen, a pesar de su condición extranjera, una insustituible fuente de información positiva y de discutibles pero estimulantes puntos de vista sobre el pasado de nuestra isla. Y esto es lógico si atendemos a la curiosidad con la que se acercaban, por ejemplo, a algo tan característico de nuestra idiosincrasia como puede ser la vestimenta tradicional de la época, nuestra gastronomía, nuestra forma de hablar, etc… Y así podríamos comentar muchísimas cosas que, sin la mirada curiosa y descriptiva de los viajeros, poco o, al menos, bastante menos, conoceríamos de nuestra isla pues fueron éstos los que configuraron un verdadero imaginario que aún hoy persiste en nuestra memoria.

 

Ricardo J. Valeriano Rodríguez