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Muere Simón Peres, el último líder ‘histórico’ de Israel

Simon Peres durante una entrevista concedida a EL MUNDO. SAL EMERGUI

El cerebro de Simón Peres, la parte más elogiada y activa de su cuerpo, ha sido finalmente su talón de Aquiles. El que fuera presidente, jefe de Gobierno, titular de todos los ministerios posibles y líder laborista de Israel ha fallecido esta madrugada a los 93 años tras padecer un masivo derrame cerebral hace dos semanas.

Su hijo Jemi ha sido el encargado de anunciar su muerte recordando sus más de 70 años en el servicio público: «Nos despedimos hoy con gran dolor de nuestro querido padre, el noveno presidente de Israel, Shimón Peres. Nuestro padre erauno de los fundadores de Israel, sirvió a su pueblo con lealtad antes de la creación del Estado y una vez creado desde su primer momento hasta el último». Su doctor personal y yerno, Rafi Valden, ha agradecido las muestras de apoyo de todo el pueblo israelí y de dirigentes mundiales revelando emocionado la llamada telefónica del presidente estadounidense, Barak Obama.

El Premio Nobel de la Paz (1994) -junto a Isaac Rabin y el líder palestino, Yasir Arafat por los Acuerdos de Oslo- fue diputado durante más de 40 años así como miembro de doce gobiernos (dos de ellos como primer ministro).

Resumir la vida de Peres es recorrer la historia del país que ayudó a construir desde sus inicios. El joven pastor de ovejas que soñaba ser poeta será enterrado como uno de los estadistas más importantes de Israel. Su mejor embajador en el mundo.

«El deterioro de su situación ha sido dramático y esta vez parece que no habrá milagro«, informaba anoche uno de los numerosos periodistas locales enviados al Hospital Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, haciendo alusión a la longevidad y férrea salud del considerado último líder «histórico» israelí.

Desde el pasado 13 de septiembre, Peres se encontraba en coma inducido y bajo respiración artificial. El anuncio de una cierta mejora alimentó esperanzas pero la profundidad del daño cerebral y la avanzada edad han colapsado todos sus sistemas convirtiendo su última batalla en estéril.

«Ha luchado de forma heroica hasta la última gota de sangre», nos dice uno de sus allegados que, junto a la familia, fue llamado esta tarde de urgencia al hospital para despedirse. «Le hemos prometido preservar su enorme legado», dicen en su entorno.

Al frente del Centro Peres por la Paz- creado para fomentar la convivencia entre judíos y árabes- el nonagenario dirigente trabajó hasta el último momento.

Horas antes de ser hospitalizado, grabó un clip en Facebook para alentar la compra de productos israelíes y dio una charla a jóvenes emprendedores. Con ‘selfie’ incluido ya que para todos los israelíes-más allá de las diferencias ideológicas- Peres era un monumento histórico. Dirigentes, artistas, empresarios, deportistas, periodistas, escritores, jerarcas religiosos judíos, musulmanes y cristianos, comparten el lamento en los micrófonos y las redes sociales.

El presidente Reuven Rivlin, el primer ministro Benjamín Netanyahu y el líder laborista Isaac Herzog se despiden con emocionadas palabras al tiempo que numerosos dirigentes mundiales envían mensajes de condolencia y admiración por el viejo «Shimon».

«¿Descansar? ¿Vacaciones? Me aburriría ¿Para qué? Yo no puedo vivir sin trabajary hacer posible mi visión de futuro. No me gusta perder tiempo», respondía a este periodista en una entrevista en sus últimos días como noveno presidente de Israel. Si algo destacaba en sus entrevistas-más allá del factor tiempo y espacio de las mismas- era que hablaba con igual pasión racional de la nanotecnología, la investigación del cerebro o la necesidad de entenderse con los vecinos árabes. Sobre todo con los palestinos.

El laborista ha ‘decepcionado’ a los que pensaban que era inmortal. Un mes después de soplar 93 velas, se despide el hombre que mejor sabía juntar palabras en los funerales de los principales políticos, empresarios y artistas. Esta vez no habrá un Peres que se ocupe de enlazar brillantes frases y viejos recuerdos del ausente.

«Nunca he pensado en la muerte. Soy consciente y no me quejo de que toda persona tiene un final. Cuando muera, estaré agradecido porque he recibido más de lo que merecía«, dijo hace unos años al diario Maariv.

Nacido como Szymon Persky en 1923 en la localidad polaca de Wieniawie-hoy Bielorrusia- tenía un abuelo rabino, Tzví Meltzer, que fue asesinado por los nazis en el Holocausto. Como muchos familiares suyos.

El ideal sionista le llevó a su ‘tierra prometida’ en 1934 entonces bajo el mandato británico. Tres años antes lo había hecho su padre. Tras vivir y estudiar en un internado agrícola, Peres se casó con Sonia. La educada y silenciosa muchacha tenía otros planes pero se dio cuenta que su ‘Shimon’ no iba a dedicarse al campo o a la literatura sino al movimiento político y social judío para la creación de Israel en el 48.

Uno de los fundadores de Israel

Los más veteranos le recuerdan aún como el joven y anónimo escudero del fundador del país, David Ben Gurión. Peres se ganó al «viejo» cuando se convirtió en el artífice del envío de armas y tecnología por parte de Francia. A los 29 años fue nombrado director general del ministerio de Defensa.

Otros le recuerdan como el arquitecto de la central nuclear de Dimona y el impulsor de la hoy potente industria aeronáutica. Los más jóvenes como la estrella israelí que recibe elogios y abrazos de Barak Obama, Mijail Gorbachev, el Papa, Robert De Niro, Sharon Stone o Bono.

En los 70 y 80 fue uno de los padres de la construcción de asentamientos en los territorios ocupados por Israel en la Guerra de los Seis Días (1967). Un dato que la izquierda más militante solía recordarle. Un diputado árabe israelí dijo hace dos semanas que Peres será recordado como «criminal de guerra» por su responsabilidad en operaciones militares en sur del Líbano y Cisjordania. Sus palabras provocaron la condena generalizada israelí y del sector árabe en particular.

Para muchos, como su amigo el rais palestino, Abu Mazen, Peres era el hombre que en las últimas dos décadas promovió el proceso de paz. La derecha no le perdonó los Acuerdos de Oslo firmados con Arafat ni la retirada de la Franja de Gaza (2005) aplicada por Ariel Sharon con el que se unió en el nuevo partido centrista Kadima.

Pero sus siete años como presidente desde el 2007 le reconciliaron con amplios sectores de la sociedad y potenciaron aún más su proyección internacional. Hasta ese año, Peres era más querido fuera del país.

Peres fue el ‘loser’ de la política israelí ya sea en sus derrotas internas en el laborismo ante Rabin o en elecciones generales como la del 77 ante Menajem Beguin o las del 96 en la que se durmió como jefe de Gobierno y se despertó sorprendido con escasos votos menos que el joven Netanyahu. 20 años después, intentaba contener su malestar hacia las políticas del dirigente conservador. Le criticaba en especial en todo lo relacionado con el estancamiento del proceso de paz pero no con la dureza de otros políticos. Quizá porque no era un político más. Era Peres.

«¡No podemos con su ritmo!», nos confesó uno de sus jóvenes guardaespaldas sobre el veterano líder que alternaba sin pausa discursos, giras, reuniones, conferencias internacionales, gestiones políticas, económicas y tecnológicas.

Amigo íntimo del escritor Amos Oz, Peres tenía como vicio la lectura. De diarios pero sobre todo de libros. «Es tan importante leer como comer», nos aconsejó en una ocasión en su despacho lleno de libros.

«Si no se hubiera entregado a construir el esqueleto de Israel, sería un famoso escritor», señala una asesora de su equipo formado en su gran mayoría por mujeres. «Las mujeres son superiores a nosotros», justificaba.

«Prefiero fracasar por confiar en las personas que desaprovechar oportunidades por no confiar en ellas», sentenció en una de sus famosas frases.

En otra muestra de optimismo, contaba su respuesta cuando le deseaban que llegara a los 120 años: «No seáis tan tacaños».

Admirado por su salud y ritmo de trabajo pese a la avanzada edad, Obama le preguntó una vez por su secreto. «Vivir siendo optimista», le contestó Peres que deja tres hijos, 8 nietos y 3 bisnietos.

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