Hoy quiero expresar públicamente mi más profundo agradecimiento a todos los profesionales que me han acompañado durante estos días tan difíciles.
Han sido días de dolor, miedo, incertidumbre y muchas pruebas. Días en los que no sabía qué estaba pasando con mi salud ni qué respuestas encontraríamos.
Pero hubo algo que nunca faltó: profesionales dispuestos a escucharme, cuidarme y luchar para encontrar un diagnóstico.
Quiero agradecer de corazón a los equipos de Neurología, Endocrinología, Medicina Interna, Cuidados Paliativos, Otorrinolaringología, Radiología, Radiodiagnóstico y a todo el personal de Enfermería.
Cada uno, desde su especialidad, ha aportado sus conocimientos, su esfuerzo y, sobre todo, su humanidad.
Quiero mencionar especialmente a la Doctora Ponce, al Dr. Elías, la Doctora Vallejo y a M. Marichal
Y a tantos otros profesionales cuyos nombres quizás no conozca, pero cuyos rostros, palabras y gestos de cariño guardaré siempre en mi corazón.
Gracias por no rendiros, por seguir investigando, por buscar respuestas y por tratarme siempre como una persona, no simplemente como una paciente más.
Gracias también a quienes estuvieron pendientes de mí día y noche, a quienes me ofrecieron una sonrisa cuando más la necesitaba y a quienes, con pequeños gestos, consiguieron hacer más llevaderos los momentos difíciles.
Sé que todavía queda camino por recorrer. Mi lucha no ha terminado, aún quedan decisiones médicas y posiblemente una intervención por delante. Pero hoy, gracias a vuestro esfuerzo y dedicación, al menos tengo un diagnóstico y una esperanza para seguir adelante.
A veces, lo que para un profesional puede parecer un gesto cotidiano, para un paciente significa el mundo entero.
Y eso es precisamente lo que habéis conseguido conmigo: hacerme sentir escuchada, protegida, acompañada y, sobre todo, no abandonada.
En una isla pequeña también existen profesionales enormes, capaces de demostrar que la grandeza de un hospital no se mide por su tamaño, sino por la humanidad y la entrega de quienes trabajan en él.
No sé si algún día podré agradeceros lo suficiente todo lo que habéis hecho por mí. Hay cosas que ni todo el dinero del mundo podría pagar.
Porque hay médicos que encuentran enfermedades, pero también hay médicos y profesionales sanitarios que, con su humanidad, ayudan a los pacientes a encontrar fuerzas cuando creen que ya no les quedan.
Mi enfermedad todavía tiene capítulos por escribir, pero vosotros ya habéis dejado una huella imborrable en mi historia.
GRACIAS, DE TODO CORAZÓN, A TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS.
Que nunca os falte esa vocación tan bonita, porque detrás de cada paciente hay una vida, una familia, unos miedos y una esperanza. Y vosotros habéis sabido cuidar de todo ello.
Karolina


















