El Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior contabilizó 24478 vehículos robados en España entre enero y septiembre de 2025. Noventa al día, más o menos. Canarias fue de las comunidades que bajaron, un 11.8% menos que en el mismo tramo de 2024, al nivel de Castilla y León con su caída del 19.2% y de Baleares con un 13.1%. Sevilla provincia iba justo en la dirección contraria, un 20.6% arriba hasta llegar a 2080 sustracciones, que es una barbaridad para una sola provincia. El año cerró con 33032 robos en todo el país, apenas un 0.2% más que 2024, pero la foto desde 2020 cambia mucho. Entonces fueron 25387. El salto acumulado en cinco años ronda el 30%.
Madrid y Barcelona juntas se comen el mapa. Madrid 6982 robos, Barcelona 6941, prácticamente empate, y entre las dos suman 13923, que es más del 42% de todo lo que se roba en el país entero. Cataluña como comunidad lideró con 8632, un 1% más, y Andalucía llegó a los 6324 con un repunte del 4.3%.
Luego están las subidas raras
Álava pasó de 67 robos a 110. Un 64.2% de subida que suena escandaloso pero que en números brutos son 43 coches más en un año entero. Lo que llama la atención es que Álava no era sitio donde esto pasara. País Vasco en general subió un 8.6%, Navarra un 12.4%. Una empresa de recuperación de vehículos que analiza periódicamente las estadísticas del Ministerio lleva meses repitiendo lo mismo, que el robo se está moviendo hacia provincias que hace un lustro ni figuraban en las tablas. Soria cerró 2025 con seis coches robados. Seis. Mientras tanto en Madrid desaparecían casi 20 al día, y honestamente, esa diferencia dice más sobre la naturaleza del delito que cualquier porcentaje.
El coche que más se roba en España no es un deportivo. Es un utilitario con once años encima y un valor de mercado de unos 9500 euros. Los métodos han cambiado bastante. Ya casi nadie rompe el bombín, ahora se usan inhibidores de frecuencia para que el mando no cierre, máquinas de diagnóstico que clonan llaves en cuestión de minutos, ataques relay que captan la señal keyless del llavero a través de la puerta de un garaje mientras el dueño duerme arriba. La mayoría de esos coches acaban despiece, vendidos por piezas en internet. De los robados en 2024, el 60% no volvió a aparecer según datos del sector asegurador, y probablemente una parte importante ya estaba desmontado antes de que el propietario llegara a comisaría a poner la denuncia.
Canarias juega en otra liga, pero no por mérito propio
Robar un coche en La Gomera y sacarlo de la isla requiere meterlo en un ferry. Hay un puerto principal y un aeropuerto que no mueve carga rodada. El ferry tiene cámaras, tiene control de embarque, tiene matrícula registrada al comprar el billete. Comparado con mover un coche robado de Sevilla a Portugal por una comarcal sin un solo punto de control, la diferencia de dificultad es enorme. En la península es donde funcionan las redes de verdad, las que tienen naves industriales en polígonos a las afueras de ciudades medianas, donde desmontan coches en cadena y separan motor, transmisión, puertas, catalizadores, electrónica, todo empaquetado y vendido como recambio usado en internet o exportado en contenedores. Eso necesita espacio, anonimato, carreteras cerca. La Gomera no tiene nada de eso. Lo que hay en islas pequeñas es robo oportunista, una persona que coge un coche y lo deja abandonado a dos kilómetros, alguien que necesita moverse y después desaparece.

Ahora bien, que no se lleven el coche entero no quiere decir que no pase nada. Lo que sí ocurre, y con frecuencia, son los reventones de coches de alquiler en aparcamientos turísticos. Cristalazo, mano dentro, mochila fuera. En septiembre de 2025, la Guardia Civil de Lanzarote detuvo a dos personas que llevaban 31 robos con fuerza en vehículos de alquiler entre Lanzarote y Fuerteventura, 24 consumados y otros 7 que se quedaron en tentativa. Iban de aparcamiento en aparcamiento buscando coches de turistas, reventaban una ventanilla, se llevaban lo que hubiera dentro, mochilas, móviles, pasaportes, cámaras, y seguían. El coche quedaba en su sitio pero con el cristal roto y el interior revuelto. Eso no aparece en la estadística de sustracción de vehículos, va registrado en otro epígrafe, pero al turista que vuelve de la playa y se encuentra el destrozo le da igual cómo lo clasifique el Ministerio.
Con la recuperación pasa algo interesante. Los registros de seguimiento de flotas de www.gpswox.com/es arrojaban cifras parecidas en cuanto a tiempos de localización, y en islas los números son mejores que en la península por razones obvias. Un coche con rastreador GPS activo en 370 kilómetros cuadrados, que es lo que mide La Gomera, no tiene dónde meterse. La señal lo pone en el mapa, la policía llega y el ladrón no puede cruzar a ningún sitio sin pasar por un puerto con cámaras. En Sevilla, ese mismo coche está en Portugal en tres horas por una carretera secundaria y nadie se entera hasta que el dueño vuelve del trabajo.
El 11.8% de bajada en Canarias no significa que aquí no roben coches. Lo que pasa es que la geografía hace de barrera natural contra el tipo de robo que dispara las cifras en Sevilla o Barcelona, el organizado, el que mueve vehículos enteros fuera del país. En las islas pequeñas el problema es otro, son cristalazos en aparcamientos de playas, y eso las cifras oficiales de sustracción de vehículos no lo recogen. La localización de vehículos con dispositivos de seguimiento funciona mejor aquí porque hay menos terreno donde esconderse y ninguna salida terrestre, pero eso solo sirve cuando se llevan el coche entero. Contra el tipo que revienta una ventanilla, coge una mochila y se va andando, el rastreador no puede hacer nada porque el coche sigue exactamente donde estaba.














