En apenas siete días, La Gomera ha pasado de una situación de preocupación hídrica a un escenario de alivio generalizado. El paso de la borrasca Therese ha permitido recuperar más de 3,8 millones de metros cúbicos de agua, situando la capacidad de almacenamiento insular en torno al 75,8% de los 5,1 millones de metros cúbicos que somos capaces de almacenar.
Sin duda, estamos ante una mejora significativa tras años de sequía prolongada. Las lluvias han revitalizado cuencas, han permitido la recarga de acuíferos y han generado una base más sólida para afrontar los próximos meses, especialmente en lo relativo al abastecimiento agrícola y urbano, pero sería un error caer en la complacencia.
La Gomera vive en un contexto de sequía estructural, donde la irregularidad de las precipitaciones es una constante. Lo ocurrido en los últimos días responde a un episodio excepcional que no altera, por sí mismo, la tendencia de fondo. La experiencia reciente nos ha enseñado que los periodos de escasez pueden volver con la misma rapidez con la que hoy celebramos la abundancia. Por eso, es ahora cuando más debemos apelar a la responsabilidad.
Responsabilidad en el uso cotidiano del agua, evitando cualquier forma de despilfarro. Responsabilidad en la gestión pública, manteniendo políticas de planificación que no dependan de episodios puntuales. Y responsabilidad colectiva para entender que este recurso, aunque hoy abunde, sigue siendo limitado.
En este sentido, el trabajo desarrollado en el último año cobra aún más relevancia. Desde el Cabildo de La Gomera hemos destinado recursos públicos a actuaciones vinculadas a las comunidades de regantes, así como a la mejora de infraestructuras clave: intervenciones en las presas públicas de San Sebastián, modernización de la red de riego de Hermigua, mejoras en el sistema de Alajeró o trabajos de encauzamiento en Vallehermoso. Son inversiones que no responden a la coyuntura, sino a una estrategia sostenida en el tiempo.
A ello se suma una línea de actuación que consideramos esencial: el refuerzo de las infraestructuras de generación de agua. La desalación, la regeneración y otros sistemas complementarios deben seguir formando parte de nuestro modelo hídrico. No como alternativa, sino como garantía. Porque el verdadero reto no es gestionar el agua cuando sobra, sino asegurarla cuando falta.
La actual situación debe interpretarse, por tanto, como una oportunidad. Una oportunidad para consolidar lo avanzado, para mejorar la eficiencia de nuestras redes y para seguir fortaleciendo la resiliencia de la isla frente a futuros escenarios de escasez.
La Gomera ha demostrado a lo largo de su historia su capacidad de adaptación. Hoy, ese compromiso pasa por gestionar con inteligencia un recurso tan valioso como el agua. Celebremos la lluvia, pero no olvidemos la lección. Porque el agua es, y seguirá siendo, nuestro oro líquido. Y su futuro depende de las decisiones que tomemos hoy.


















