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Licencia marital: nostalgia fascista

Ventura del Carmen Rodríguez

¿Sabían que durante la dictadura franquista, las mujeres casadas necesitaban la autorización de sus maridos para realizar determinados trámites de su vida cotidiana? Cuesta creer que algo así forme parte de nuestra historia reciente, pero sí, existió bajo el nombre de ‘licencia marital’ y es lo que parece: que una mujer quisiese trabajar fuera de casa, abrir una cuenta bancaria o realizar determinadas gestiones sin el permiso de su marido podía convertirse en un obstáculo para su autonomía personal y económica.

En estos tiempos convulsos en los que tan alegremente se menosprecian los derechos conquistados en España en las últimas cuatro décadas, es conveniente recordar que no siempre fuimos libres al elegir, al decidir, al hablar. Esta libertad es fruto de la lucha de tantísimas mujeres valientes que nos precedieron, incluso arriesgando su vida frente a un régimen fascista y profundamente machista. Por respeto a todas, no podemos bajar la guardia o dar por perdidos nuestros derechos, pero cuidado: tampoco pensemos que están garantizados para siempre.

Este 15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales, tuve la oportunidad de reconocer, desde mi condición de presidenta de FADEMUR Canarias, el trabajo y la contribución de las mujeres del mundo rural a la lucha por la igualdad, así como denunciar las desigualdades que persisten y alertar sobre el riesgo de retroceder en derechos conquistados.

¿Podríamos perder algo de lo conseguido? ¿Podríamos volver a situaciones en las que nuestra autonomía y nuestra capacidad de decidir estuvieran limitadas? No se trata de si regresaremos o no a la realidad de la dictadura, sino de recordar que ningún avance social es irreversible si dejamos de defenderlo.

Esta preocupación adquiere una dimensión especial en el medio rural, donde las desigualdades tienen características propias. En Canarias, muchas mujeres trabajan en explotaciones agrarias familiares sin titularidad propia ni independencia económica suficiente. Otras emprenden pequeños negocios o compaginan su actividad profesional con el cuidado de familiares, a menudo con escasos recursos y servicios públicos alejados de sus hogares.

Si las políticas de igualdad, la protección social y los servicios públicos se debilitan, las consecuencias no serán iguales para todas. Las mujeres de entornos rurales pueden encontrarse con mayores dificultades para acceder al empleo, emprender, conciliar o desarrollar un proyecto de vida autónomo

Desde FADEMUR Canarias, proponemos la creación de una Red Canaria de Apoyo al Trabajo de las Mujeres en el Mundo Rural, un espacio de colaboración en el que participen todas las Administraciones públicas, las entidades públicas y privadas y los agentes implicados en el diseño y desarrollo de las políticas relacionadas con el sector agrario y el medio rural.

El objetivo es claro: que las políticas públicas dejen de diseñarse sin contar suficientemente con quienes conocen de primera mano la realidad del campo. Esta red permitiría coordinar recursos, detectar necesidades, compartir experiencias y promover medidas más ajustadas a la realidad de las mujeres rurales de todas las islas.

La historia de la licencia marital debería servirnos de advertencia. Las mujeres no queremos volver al pasado: queremos decidir nuestro presente, construir nuestro futuro en libertad e igualdad y, en ese marco, las mujeres del mundo rural  también tenemos voz para hacerlo.

Defender los derechos de las mujeres del mundo rural es defender los derechos de todas las mujeres: la igualdad no puede depender del lugar donde vivimos ni de las circunstancias económicas y sociales que nos rodean.

El futuro del mundo rural canario pasa por las mujeres y las mujeres del mundo rural necesitan que las instituciones las escuchen, reconozcan su trabajo y cuenten con ellas para tomar decisiones, pero no como una concesión: como un derecho.

Ventura del Carmen Rodríguez Herrera

Presidenta de Fademur Canarias

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