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PACO ROCA, historietista: “Intento que mis cómics sean un reto, de lo contrario carece de sentido emprender un nuevo proyecto”

Paco Roca

Por Noé Ramón.-En su última obra titulada El Viaje, el autor de cómic más reconocido en estos momentos en España, Paco Roca, ahonda de nuevo en la vertiente más reflexiva y sentimental que ya había desarrollado en otros relatos suyos como La casa, Arrugas o Regreso al Edén dejando de lado por ahora la relacionada con la memoria histórica.

Este autor se pasea con naturalidad por el género de la novela gráfica que en este caso tiene tintes autobiográficos y se centra en la separación del personaje de su expareja tras casi veinte años de relación y con dos hijas, para reflexionar sobre cómo gestionamos las rupturas y sus consecuencias. Para ello crea a Fran, un dibujante atrapado en un pueblo de la Patagonia por un vuelo cancelado, obligado a reconstruir el relato de su vida en pareja para poder avanzar. Un proyecto que, como explica el autor, supone un doble reto: narrativo y personal, hasta el punto de hacerle reflexionar también sobre el lenguaje del cómic y sus posibilidades.

-¿Cómo planteaste la nueva obra?

-Intento que todos mis cómics sean un reto, porque si no, al final no tiene mucho sentido emprender un nuevo proyecto y creo que hay dos motivos para hacerlo. Por un lado, desde el punto de vista narrativo, de dibujo o de documentación y por otro, intentar comprender alguna cuestión que te interese o sobre la que necesites reflexionar. En este caso, me apetecía explorar lo relacionado con las parejas y las rupturas y sobre todo, lanzar la pregunta de qué ocurre cuando has mantenido una relación larga, hay hijos de por medio y te enfrentas a una separación. ¿Cómo gestionamos todo eso? La necesidad de echar manos del recuerdo y de un relato que nos ayude a comprender lo ocurrido y que, al mismo tiempo, nos permita seguir creyendo en el futuro y mirar hacia delante.

También quería reflexionar sobre hasta qué punto, en la sociedad en la que vivimos, son posibles las relaciones que antes entendíamos que eran para toda la vida. Y luego estaba el reto creativo: intentar construir una historia en la que prácticamente no hay una gran trama ni cambios de escenario, en la que al final, todo gira alrededor de una conversación entre dos personas en un bar. A partir de ese punto quería plantear un relato que resultase interesante, tanto visual como narrativamente.

-En esta ocasión el guión es totalmente tuyo.

-Sí. Normalmente trabajo con mis propias historias, aunque hay ocasiones, como en El abismo del olvido, en las que colaboro con otra persona, en ese caso con el periodista Rodrigo Terrasa. Me gustan las dos posibilidades: hacer un guión propio y reflexionar sobre mi entorno, y también hacerlo con la ayuda de alguien cuando la documentación o el tipo de historia lo requieran.

-Aclarado esto ¿Cuánto dirías que tiene de autobiográfico El Viaje?

-La verdad es que bastante, pero siempre tengo claro que no pretendo hacer una historia autobiográfica ni ser fiel a una realidad concreta, sino que utilizo mi experiencia como punto de partida, como material sobre el que poder crear una ficción. En su momento viví una separación después de una relación larga y con hijos de por medio, y pensé que ese podía ser un punto de partida interesante. Si miras alrededor, te das cuenta de cómo han cambiado las relaciones de pareja y de que muchas terminan en un momento u otro y eso te hace plantearte que, más allá de los errores que pueda cometer una persona en un momento determinado, también hay un hecho social detrás.

Me parecía que se podía extrapolar a muchísima gente lo que me ocurrió a mí, más allá de las peculiaridades de cada caso, así que sí, hay una parte de realidad, pero no intentaba hacer una autobiografía. He cogido cosas que me han interesado de otras personas, otras son ficción y, como suelo hacer en este tipo de historias, al igual que ocurrió con La Casa o Regreso al Edén utilizo mi propia vida hasta donde la historia lo necesita.

-El hecho de que las relaciones ahora duren menos y casi todas terminen en una ruptura en vez de mantenerse cuando ya no tienen sentido ¿lo ves como algo positivo o negativo?

-Creo que es complejo y que hay muchos factores. Antes existían unas imposiciones culturales y religiosas que hacían que la gente ni siquiera se planteara separarse. Había una especie de obligación social y la ruptura no estaba del todo aceptada por la sociedad, incluso hoy sigue habiendo personas que no dan ese paso por el qué dirán o porque su cultura o su religión no se lo permite pero eso cada vez tiene menos fuerza. Lo que queda ahora es, en gran medida, la voluntad de seguir estando en pareja o no estarlo.

Entender esa unión como algo para toda la vida también tiene algo de antinatural, puede resultar muy útil para criar hijos porque, desde el punto de vista logístico, es más sencillo formar una familia en pareja que hacerlo por separado. Pero también implica que, en cierta manera, va en contra de la individualidad, en cuanto que debes hacer sacrificios para que ese vínculo funcione. Al final es una especie de equilibrio: poner en una balanza lo que pierdes y lo que obtienes de esa relación. Si lo que gana supera todo lo que estás sacrificando, las frustraciones y lo que estás perdiendo, la pareja se mantiene pero cuando pesa más lo que crees que estás dando y lo poco que te aporta la relación, es cuando termina.

-También como dices tiene mucho peso el entorno, la sociedad y el tiempo que se vive.

-El entorno en el que vivimos ahora mismo hace que pese más la balanza hacia el lado del individualismo porque existe la idea de que tenemos que ser plenamente felices, disfrutar de una vida que no sea monótona y creer que siempre nos estamos perdiendo algo. Las redes sociales alimentan mucho esa sensación. También se plantea que la vida en pareja tiene que proporcionarnos una felicidad absoluta, una plenitud que nos llene completamente. Pero, como todo en la vida, es difícil que una relación de pareja sea un diez durante toda su existencia y por eso quizá esperamos demasiado y cuando no se cumplen exactamente esas expectativas, tomamos la decisión de romper. Creo que al haber desaparecido muchas de aquellas obligaciones sociales, también hemos perdido un poco la capacidad de luchar por mantener determinados vínculos.

-Llegados al borde de la ruptura ¿qué sería lo más doloroso?

-Creo que, en cierta forma, lo que más duele es la pérdida de identidad. Cuando hablamos de relaciones largas y con familia, lo que cuesta es esa reinvención. Durante un tiempo has sido algo muy determinado: marido o pareja, padre de unos hijos… Y, de repente, todo eso cambia. La identidad que habías construido desaparece y necesitas reinventarte y saber quién eres después. Ahí es cuando nos sirve la memoria para echar la vista atrás y construir un relato nuevo de lo que somos.

Las personas no aceptamos bien el azar, siempre queremos saber que existe una causa detrás de todo lo que nos ocurre. Si nos despiden de un día para otro del trabajo, por ejemplo, no aceptamos que simplemente ha sido porque haya tocado echar a alguien, sino que empezamos a mirar hacia atrás, intentando encontrar una explicación: “Es que mi jefe aquel día me dijo esto, así que me tiene manía por esto o por aquello…”.

Necesitamos construir un relato ante lo inesperado como cuando tenemos una enfermedad y lo mismo ocurre también con las rupturas de pareja. Queremos mirar hacia atrás y encontrar un patrón que quizá no existe, puede que una decisión inesperada sea simplemente consecuencia del azar o de algo que ocurre en un momento determinado. Nos remontamos mucho más atrás y empezamos a encontrar explicaciones, debido quizás a que nos cuesta aceptar lo que ha ocurrido para poder crear una nueva identidad.

-¿Dirías que esta obra supone algún cambio de estilo de dibujo, la temática o la forma de abordar los relatos?

-La temática, creo que se mantiene bastante, en cuanto que me interesa la memoria, porque en cierta manera, es una herramienta que tenemos las personas para solucionar problemas del presente. La memoria utiliza el pasado, pero siempre parte de un problema del presente: miramos hacia atrás para intentar entender cómo hemos llegado hasta aquí y cómo podemos resolver la dificultad a la que nos enfrentamos. En El Viaje me sigo moviendo en ese terreno. En lo formal sí creo que hay una diferencia porque como decía antes, el reto de esta historia era intentar hacer un cómic en el que prácticamente no hay cambios de escenario y en el que casi toda la historia son dos personajes hablando.

-¿Este reto te ha hecho reflexionar sobre el papel del cómic, sus limitaciones y posibilidades?

-Sí, porque gran parte de la narrativa del cómic y del cine se ha basado en personajes haciendo cosas: gente que va de un lado para otro y a la que le ocurren historias por el camino. Sin embargo, la literatura también puede hablar de gente pensando y sintiendo cosas y me parece que para evolucionar el cómic tiene que moverse en ese terreno. Debemos olvidarnos de que la única manera de contar historias es mostrar a gente haciendo cosas y buscar algo similar a la literatura.

De hecho, creo que el cómic está más cerca de la literatura que del cine en cuanto que tenemos la posibilidad de que la narración sea activa, de que se detenga, de que vuelva atrás y de contar con la palabra escrita. Todo eso nos permite explorar el terreno de la gente pensando y sintiendo cosas, lo que para mí era uno de los retos de El Viaje, hacer una historia construida únicamente a partir de una conversación y de los sentimientos de los personajes que hablan.

-¿Cuánto tiempo te ha llevado hacer la novela? La verdad es que no contaste mucho de este proyecto, por lo que para gran parte de los lectores ha sido una sorpresa.

-El proceso se ha alargado durante un año y medio o dos por lo que para mí ha sido bastante rápido. También ha influido que la documentación era mucho más personal y, por tanto, más sencilla, no ha hecho falta una gran investigación. Eso me ha permitido acabar con cierta rapidez.

-Y lo has llevado bastante en secreto, ¿no?

-Sí. La verdad es que no soy muy activo en redes y no publico mucho de las cosas que voy haciendo, aunque a veces no tengo problema en contar lo que hago, pero tampoco voy por ahí compartiendo todo el proceso. Hay historias que son difíciles de explicar hasta que las lees y hablar mucho mientras la estás haciendo sería desvelar casi todo. Así que, aunque a veces comparto algún dibujo, la verdad es que no he publicitado mucho el proyecto.

-De este último año ¿qué destacarías de todo lo que te ha pasado? Por lo que veo te están siempre dando premios.

-No me puedo quejar. Los premios, tanto aquí como fuera de España, te alegran y también te dan cierta seguridad. Me resulta muy gratificante ver que un trabajo hecho desde tu perspectiva, trabajando en España y con una editorial de aquí, tiene buena acogida en todo el mundo. A lo largo de los últimos años he viajado mucho, por ejemplo ahora vengo de Argentina y también estuve en Turquía y en otros países, donde te das cuenta de que, en lugares tan lejanos de España, existe interés por tus historias.

Me parece muy bonito contar tu propia historia, tus vivencias y que una obra como La Casa, por ejemplo, pueda interesar en Turquía. Aunque resulta extraño, a la vez es muy bonito, porque te reafirma en la idea de que, al final, lo importante es relatar las cosas, más allá de lo que exactamente estés contando.

-Por último, ¿tienes algún proyecto nuevo que quieras destacar?

-Sí, ya estoy metido en otro proyecto y, de nuevo, lo estoy haciendo con Rodrigo Terrasa, el periodista con el que trabajé en El abismo del olvido. Es otra historia sobre un acontecimiento del pasado que, tal y como decía antes, puede tener desde el presente una lectura que nos sirva para entender mejor el mundo, lo que somos y, ojalá, lo que podríamos ser.

-Por lo que veo, tiene que ver de nuevo con la memoria histórica.

-Sí, es otra época, pero de nuevo la podríamos situar dentro de la memoria histórica.

-No sé si sabes que el crítico tinerfeño de cómics, Manuel Darias hizo una crítica muy buena sobre tu última obra.

-Sí. La verdad es que a Manuel lo sigo y siempre me entero cuando me da un premio, que ya han sido varios, y además cada vez que voy a Tenerife lo veo. Así que estoy muy al corriente de sus críticas.

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