Iniciativa por La Gomera (IxLG) denuncia la incoherencia de la Agrupación Socialista Gomera (ASG) en relación con el futuro del mirador de Juan Rejón. La decisión de esta formación de trasladar el Centro de Interpretación del Lagarto Gigante de La Gomera al Mirador César Manrique —o al entorno del actual centro de recuperación— evidencia, a juicio de IxLG, una flagrante contradicción con los compromisos previamente adquiridos, así como una subordinación absoluta a los dictados de su líder, Casimiro Curbelo.

Para el portavoz del comité local, Carlos Hernández, esta decisión priva al núcleo de La Calera de su principal palanca de desarrollo económico, al desviar hacia otros enclaves un equipamiento que habría actuado como motor de atracción turística y de generación de actividad en una de las zonas con mayor necesidad de dinamización de la isla.

«Los vecinos propusieron en su momento —y el Ayuntamiento respaldó inicialmente— que el emblemático Mirador de Juan Rejón albergara el futuro Centro de Interpretación del Lagarto Gigante. La estrategia era tan sencilla como brillante: al situar este equipamiento de alto interés en el extremo más alejado del barrio, se obligaba a los visitantes a recorrer sus callejuelas y caminos interiores, convirtiendo el flujo turístico en el motor capaz de insuflar vida y economía a los comercios locales», explica el concejal.

Sin embargo, la dirección de ASG en el Cabildo, con la anuencia del gobierno municipal, ha optado por dar la espalda al barrio y descartar por completo esta opción. Su alternativa principal, que es trasladar el centro de interpretación al Mirador César Manrique, condena a un recurso público que estaba llamado a ser el gran revulsivo socioeconómico de La Calera a quedar absorbido y diluido en el circuito cerrado del turismo de excursión de un solo día. «Una política de parada, foto y desvío que no deja beneficio alguno en La Calera y aporta muy poco al municipio», subraya el portavoz.

Para el comité local de Iniciativa por La Gomera (IxLG), La Calera es hoy un barrio envejecido, con una actividad comercial bajo mínimos y afectado por un proceso de gentrificación creciente. A pesar de contar con una notable oferta alojativa turística, es incapaz de fijar población joven o atraer nuevas empresas. «El vecindario ha intentado frenar esta decadencia mediante iniciativas propias, pero la falta de voluntad política lo ha hecho imposible. Las administraciones, sencillamente, no han querido ni sabido desarrollar una estrategia coherente de dinamización», señala Carlos Hernández.

Desde el comité local se insiste en que La Calera no necesita proyectos faraónicos ni inversiones multimillonarias que nunca llegan. Lo que exige es sentirse atendida: actuaciones bien planificadas en el día a día y un polo de atracción real como el Centro de Interpretación del Lagarto Gigante en el Mirador de Juan Rejón. Un proyecto estratégico que, además de generar economía, justificaría y empujaría de una vez por todas las mejoras urgentes que los vecinos demandan en materia de accesibilidad y movilidad.

Hernández concluye con una imagen que sintetiza la situación: «El drama de La Calera se puede resumir en una triste metáfora geográfica y política: el barrio queda demasiado lejos de La Villa, donde se ubica el Cabildo, y se encuentra justo a la espalda del edificio del Ayuntamiento. Y ya se sabe: a la espalda siempre se hace muy difícil mirar.»