Por Javier Armas, senador por El Hierro.- Durante demasiado tiempo, a El Hierro se le ha querido hacer creer que debía conformarse con menos. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido durante años con el sistema AFIS en nuestro aeropuerto.
Desde su implantación en 2011, este modelo nunca respondió a la realidad operativa de la isla. Se presentó como una solución suficiente, pero la experiencia ha demostrado otra cosa: menos capacidad operativa, más rigidez y un sistema claramente insuficiente para una infraestructura esencial para El Hierro.
El AFIS no solo limita, también genera ineficiencias reales. En determinados procedimientos, puede suponer hasta siete minutos más de vuelo por operación, lo que se traduce en más combustible, más emisiones y más coste. Es difícil de justificar en cualquier sitio, pero aún más en nuestra isla que presume —con razón— de sostenibilidad.
Lo que ha quedado demostrado es que cuando una reivindicación por El Hierro se sostiene en el tiempo, cuando se defiende con argumentos sólidos, cuando no se abandona una causa justa y cuando una isla entera insiste en lo que considera razonable, las cosas terminan moviéndose.
El Hierro ha insistido mucho. Lo ha hecho desde el Cabildo, desde los ayuntamientos, desde el Parlamento de Canarias, desde el Senado y desde todos los espacios donde se ha defendido con claridad que nuestro aeropuerto no podía seguir atado indefinidamente a un sistema que limita más de lo que resuelve.
Ahora, por primera vez en mucho tiempo, el escenario empieza a cambiar. AENA ya ha adjudicado el nuevo contrato del servicio de tránsito aéreo, y esa adjudicación deja una conclusión muy clara: el AFIS se queda sin excusas técnicas ni económicas.
Hay un hecho que lo resume todo. Desde el 22 de diciembre, cuando estalló la crisis por la falta de controladores, el aeropuerto de El Hierro ha venido operando con ATC, es decir con controladores dando instrucciones a los pilotos. Y lo ha hecho sin esperas, sin bloqueos y sin las ineficiencias que durante años se nos presentaron como inevitables.
Eso ha sido posible, además, gracias al trabajo de solo tres controladores, que han sostenido el servicio en condiciones especialmente exigentes. Y es justo reconocerlo: si el aeropuerto ha respondido, ha sido en gran parte gracias a ellos. La experiencia de estos meses ha demostrado algo muy sencillo: cuando el sistema se complica, un aeropuerto necesita control, no solo información.
Y junto a esa evidencia operativa aparece otra aún más importante: el argumento económico ya no se sostiene como antes. La gran diferencia entre el contrato anterior y el actual es clara: ahora, operar con ATC toda la semana ya no implica un sobrecoste añadido dentro del contrato.
Si ya no cuesta más, si ya se ha demostrado que funciona mejor y si además ofrece más garantías, entonces la pregunta es inevitable: ¿Qué sentido tiene seguir manteniendo AFIS algunos días de la semana en El Hierro? Ese es el verdadero debate.
Porque para los herreños y los usuarios del aeropuerto esto no va solo de modelos técnicos. Va de conectividad, de seguridad, de eficiencia y de calidad de vida para una isla que no puede seguir dependiendo de decisiones pensadas siempre desde fuera.
La adjudicación a una nueva empresa abre ahora una oportunidad real para corregir años de rigidez, limitaciones y retroceso operativo en nuestro aeropuerto.
No estamos todavía al final del camino. Pero sí estamos, probablemente, ante el momento más oportuno de los últimos años para dejar atrás un modelo que nunca estuvo a la altura de lo que El Hierro necesita. Lo que el aeropuerto de El Hierro necesita es dejar atrás el AFIS y dar la bienvenida al ATC de manera permanente.
Si algo ha demostrado nuestra isla es que, cuando se lucha con argumentos, las cosas acaban moviéndose para que sean mejores que antes.
Y El Hierro merece que se sigan moviendo.

