La Sinfónica de Tenerife despliega su sonido hacia las islas occidentales con tres conciertos extraordinarios enmarcados en el 42 Festival Internacional de Música de Canarias. Apenas unas semanas antes de sus habituales conciertos sinfónicos en los auditorios capitalinos, la orquesta protagonizará una gira por La Palma, El Hierro y La Gomera, en la que explora las peculiaridades de la música barroca a través de obras de Vivaldi y Bach.
Este periplo comenzará este sábado 17 de enero en el Teatro Circo de Marte, en La Palma, continuará el domingo 18 en el en el Auditorio Insular de La Gomera, para finalizar el lunes 19 Auditorio de La Peña, en El Hierro. Junto a la orquesta viaja una estrella internacional, Avi Avital, el primer solista de mandolina nominado a un Grammy de música clásica, que acompañará a la orquesta tinerfeña tanto en el rol de solista como de director. En La Palma las entradas se encuentran agotadas, quedando aún butacas disponibles en el resto de estos escenarios
El paso de Avi Avital por el FIMC supone todo un hito, pues son pocos los intérpretes especializados en mandolina que alcanzan su nivel. Es más, aunque el sonido de este instrumento se relacione con la música tradicional y folclórica, su pasado está asociado a la propia Casa Stradivari, templo del que sería el lutier más emblemático de la historia.
Con un programa dedicado en su totalidad al estilo barroco y un dominio absoluto de sus posibilidades, Avital tendrá la oportunidad de poner de manifiesto el papel de la mandolina en este género. En sí, una verdadera suerte para el público de las islas occidentales, que podrán ver en acción a un músico comparado a menudo con el mismísimo Andrés Segovia y elogiado por The New York Times por su interpretación “exquisitamente sensible” y su “agilidad asombrosa”.
Sobre Avi Avital merece también la pena destacar la labor patrimonial que ha ejercido a lo largo de su carrera, siempre procurando revitalizar el repertorio de la mandolina y con el encargo de más de 100 obras nuevas -además de la transcripción de diversas piezas-. Es así cómo ha logrado que un instrumento como el suyo reclame su trono en las grandes salas de conciertos, exactamente con la misma dignidad que tendría un violín Stradivarius. Incluso llegará a las islas acompañado de un ejemplar único, una mandolina creada por el lutier Arik Kerman.
Las entradas para esta triple cita musical en clave barroca están disponibles en www.festivaldecanarias.com, y en los puntos de venta habituales de los espacios que acogen los conciertos. Organizado por el Gobierno de Canarias, este recorrido cuenta también con la colaboración de Fundación DISA.
Pulso barroco de Vivaldi a Bach
Con un conductor de excepción como Avi Avital, la Sinfónica de Tenerife viajará a las raíces del Barroco a través de un repertorio que combina obras de Antonio Vivaldi y de Johann Sebastian Bach, y su conexión con la mandolina. Será en formato barroco, con una veintena de sus músicos en el escenario.
Comienzan con el Concierto en Re Mayor RV 93 de Vivaldi, originalmente concebida para laúd y luego adaptada al sonido de la mandolina gracias a los arreglos del propio Avital. Se trata de una de las piezas más luminosas del compositor veneciano, que desata las posibilidades líricas de la mandolina y las hace conversar con las cuerdas de la orquesta.
Como contrapunto, la orquesta interpretará posteriormente el Concierto en Sol menor BWV 1056 de Bach. Esta partitura es un ejemplo de la práctica habitual del compositor de reelaborar material previo; tanto es así que los expertos apuntan a que se trata de la transcripción de un concierto para violín hoy perdido.
El siguiente en el repertorio será el Concierto para Mandolina en Do Mayor RV 425 de Vivaldi, una pieza de gran exigencia interpretativa que además permitirá a Avi Avital materializar el interés del compositor por la cuerda pulsada. En esta obra, el papel del solista emerge con total claridad, de modo que le permite explotar al máximo la agilidad del instrumento y destacar frente al equilibrio orquestal.
Finalizarán con dos obras cumbres del repertorio violinístico del siglo XVIII. Por un lado, el Concierto en la menor BWV 1041 de Bach, una pieza que destaca por su vibrante energía rítmica. Tras él sonará el célebre ‘Verano’ de Vivaldi -, el segundo de Las Cuatro Estaciones. Es quizás una de las piezas musicales más populares de todos los tiempos, con una melodía que resuena en el imaginario colectivo y con la que es fácil imaginar escenas explícitas a través de la música, como el calor estival, el canto de las aves e, incluso, la furia de la tormenta en su movimiento final.














