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La historia de mi Pueblo

Alejandro García

Vallehermoso, unos cuantos años antes de yo nacer, había sido un pueblo que permaneció fiel a una legalidad democrática que fue violada por clases sociales temerosas de perder su poder. El ejemplo les costó la vida a algunos y humillaciones y vejaciones a sus mujeres, hermanas, madres.

Es necesario recuperar ese pasado y dignificarlo como se merece, pero me gustaría recuperar hoy un poco de nostalgia por esa “intrahistoria” de los pueblos como son la infancia o la juventud, para que tampoco caiga en nuestro propio olvido.

El pueblo donde nací y crecí todavía estaba lleno de vida, eran los años 80. Recuerdo la infancia cuando iba al colegio caminando por la Calle Mayor, pasar delante de muchas tiendas: Tagoror, la tienda de ropa de Paco, la tienda de muebles de Calero, la antigua farmacia, la de víveres de “Nito”, la de Juanita, la de ropa de Orlando, el videoclub, la barbería de Ramón, la venta de Daniel Padrón. Después, en los paseos por Triana, la tienda de Luis Negrín, el Kiosko, el Bar, la tienda de Jorge Suárez o la todavía resistente tienda de Chicha, el supermercado de Julio Cordobés (recientemente fallecido) y de Maruca, o la tienda de petardos y bombas fétidas de Mariano.

Pero es que además recuerdo cómo quedábamos todo el “canallaje” para ir a lanzarnos por la cuesta de la Plaza de la Iglesia con cajas (incluso algún documental se grabó). O como pasábamos la tarde en aquella hermosa Plaza de la Iglesia, de la que hoy no queda nada.

No puedo dejar de recordar aquella época en la que venían a la Residencia estudiantes de muchas partes de la isla y el colegio y el instituto estaban llenos de ruidosa y alegre juventud. Nos juntábamos en el Parque (ese que querían tirar) a pasar las tardes hablando, jugando, algunas veces peleando, y, cómo no, flirteando. También recuerdo esas tardes cuando llovía o te mandaban trabajos del colegio y te metías en la antigua Biblioteca al lado de la Plaza.

Pero de los recuerdos no se vive. ¿Por qué Vallehermoso perdió toda esa vida? Las interpretaciones son libres. Pero lo más importante quizás no sea el porqué, sino qué se ha hecho para evitar esto. Personalmente me decanto a que ha sido muy poco o nada.

Y es precisamente esa sensación de desasosiego y la confianza en que mi pueblo merece un gran futuro, lo que a mí me ha llevado a hacer algo. La inquietud me llevó a meterme en Sí se puede, una formación política progresista, plural y asamblearia. La confianza en mi municipio me llevó a presentar la candidatura para encabezar la lista por Sí se puede en Vallehermoso. Esa esperanza, no solo me lleva a mí, sino a muchas personas a pensar que transformar, no es una utopía, sino una necesidad si queremos que Vallehermoso crezca. Un crecimiento y un futuro que la gente anhela.

Admiro a las personas que han sido capaces de resistir las dificultades y han permanecido, a los que han emprendido un negocio con todos los impedimentos, a los que en definitiva han apostado y apuestan por Vallehermoso.

Los que queremos Vallehermoso debemos mirar hacia delante, olvidar el estigma de que «el pueblo está muerto» y utilizar la nostalgia solo como un recuerdo grato. El esfuerzo de lo que nos queda por delante es trabajar para conseguir el futuro que en sí mismo es Vallehermoso.

Me gustaría soñar un futuro donde todas las personas que quisieran venir, se quedasen y prosperasen. Que el municipio se vuelva a llenar de familias y negocios para dar vida a esas calles. Que los terrenos vuelvan a producir y no se tenga que seguir viendo con desprecio a la agricultura. Que el turista que quiera quedarse encuentre todas las facilidades para disfrutar del pueblo. Que las personas mayores se queden en sus barrios rodeados de familias. Que los jóvenes encuentren ofertas formativas para buscarse un porvenir.

Ese sueño no es una locura, es lo que nos llevará con el tiempo, nuestra energía, cariño, esfuerzo y creatividad a ver un nuevo Vallehermoso.

Esta será la historia de mi pueblo…

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