Cinco consejos para cambiar tu salud mental

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Rubén Marrero Díaz.- El ejercicio es gratis, las pastillas no. Los neurocientíficos, hace muy poco tiempo, se dieron cuenta de que el ejercicio es medicina. ¡Aleluya!

Ahora falta que se den cuenta los organismos sanitarios, que ayudan a crear más confusión (aquí y después, aquí) y no apuestan por algo que les saldría mucho más barato: el ejercicio. Sin embargo, también es normal crear confusión cuando te financian empresas de alimentación como Mondalez, Nestlé, Coca Cola, PepsiCo y Unilever.

Hasta principios de siglo XX, la población moría antes de llegar a envejecer por enfermedades infecciosas, como la viruela, o por desnutrición. Gracias a los avances de la medicina en vacunas, antibióticos y diferentes mejoras en la higiene, se ha conseguido que, poco a poco, esas causas de mortalidad se vayan reduciendo y se aumente la esperanza de vida entre la población.

Ahora, tenemos problemas que las pastillas no están resolviendo. Comer en exceso y la falta de movimiento son los principales motivos que están generando las epidemias del siglo XXI.

Ya en el pasado, María de Estuardo, la reina de los escoceses, al parecer, enviaba carruajes llenos de shortbread (bombas de azúcar) a su archienemiga y prima, Elizabeth I de Tudor. En aquel entonces, Mary Queen of Scots sabía que el azúcar debilitaría el cuerpo y el cerebro de su familiar, y de este modo, podría arrebatarle el trono de Inglaterra y gobernar, por fin, en ambas naciones.

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Hoy en día, los pobres y los ricos basan su alimentación en pizzas, hamburguesas y refrescos. En 2014, más de 2.100 millones de personas tenían sobrepeso, frente a los 850 millones que sufrían desnutrición. En este sentido, se espera que la mitad de la humanidad sea obesa en 2030. Además, en 2010, la desnutrición mató a un millón de personas, mientras que la obesidad acabó con la vida de otros tres millones.

Seguir confundiendo a los ciudadanos con etiquetados en los que se sitúa al aceite de oliva por debajo de una Coca Cola Zero es muy peligroso, sobre todo, para la gente que no tiene una educación nutricional básica. Además, con estas prácticas, la sociedad se aleja considerablemente del supuesto objetivo de esta clasificación: conseguir motivación para desarrollar un dieta saludable.

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En mi opinión, creo que los encargados de velar por nuestra salud deberían comenzar a escuchar a algunos neurólogos y dejar los intereses económicos de la industria a un lado. ¿Es una utopía, no? Por cierto, me viene a la cabeza este interesante libro de Tomás Moro.

Una vez cubierta mi visión sobre este tema de actualidad, voy a darte 5 consejos sobre cómo prevenir algunas enfermedades degenerativas, entre las que se encuentran el Alzheimer, la demencia y la depresión.

Mi padre, por ejemplo, dice que va a padecer Alzheimer sí o sí, por la única razón de que mi abuela tuvo esta enfermedad. Y a ver quién le dice que no. Ya sabes cómo son nuestras madres y padres con los temas de la salud, cada vez más hipocondríacos según avanza el tiempo.

Pero, ¿qué hay de cierto en esta afirmación? ¿Esta u otras enfermedades son hereditarias?

Es verdad que los datos sobre las enfermedades no transmisibles son de todo menos optimistas. La diabetes, en 2012, mató a 1,5 millones de personas, más de las que murieron por conflictos bélicos en todo el mundo.

Por otro lado, revisando estos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde se comparan las causas de muerte entre los años 2004 y 2030, podemos ver cómo los suicidios, el Alzheimer y otras demencias suben en la lista. Por cierto, se está empezando a conocer al Alzheimer bajo la curiosa denominación de diabetes tipo 3 (estudio). Como dice Yuval Noah Harari en su libro Homo Deus: “El azúcar ahora es más peligroso que la pólvora”.

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Profundizando en el conocimiento del Alzheimer

Es la causa más común de demencia en el mundo y está caracterizada por una pérdida o disminución de la memoria y por un deterioro cognitivo. Es verdad que la aparición del Alzheimer en edades tempranas (menos de 65 años) tiene un fuerte carácter hereditario, pero esta situación es poco frecuente. La mayoría de los casos son de desarrollo tardío (75-85 años) y no muestran un patrón obvio de herencia (mi padre puede estar tranquilo). Aunque la transmisión hereditaria del gen ApoE y de una de sus formas, ApoE4, pueden hacer que aparezcan, con mayor probabilidad, casos en franjas tardías de edad.

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A pesar de que la investigación del Alzheimer y los estudios sobre enfermedades relacionadas con el cerebro son complejos, actualmente, se están abriendo nuevas líneas acerca de cómo se comporta la enfermedad en diferentes ambientes y con diversas pautas de alimentación. Sin embargo, al hablar de genética tendemos a echar balones fuera, dejando nuestro destino en sus manos. Los factores de riesgo genéticos, por sí solos, no determinan la aparición de una u otra enfermedad.

Por tanto, la mejor manera de prevenir esta y otras dolencias es siguiendo las siguientes recomendaciones. ⬅️

Consejos para hacer frente al Alzheimer y otras enfermedades del cerebro

 

Controla las ingestas de azúcar

Hemos crecido con creencias falsas sobre la alimentación y la nutrición. En nuestro cerebro, las neuronas (exquisitas ellas), a diferencia de otras células del cuerpo, necesitan glucosa para hacer sus funciones. El cerebro supone el 2% del peso corporal total en humanos, pero consume el 25% del total de la glucosa acumulada.

¿Pero hace falta comer pastelitos y sus respectivos amigos de azúcar para que el cerebro funcione? No, tranquilo. No te morirás si dejas de comer este tipo de alimentos. Si los comes, igual sí.

Todos los alimentos que nos llevamos a la boca son convertidos en glucosa, aunque el grupo de los carbohidratos lo tiene más fácil para reconvertirse en la citada glucosa, incluyendo los productos industrializados que están llenos de azúcar. Puedes elegir entre ellos o decantarte por carbohidratos más saludables, como por ejemplo, tubérculos, legumbres, algunos lácteos, avena, frutas y verduras.

El órgano más complejo e increíble del planeta se las sabe arreglar para vivir sin pastelitos y amigos. Lógicamente, la evolución se ha ocupado de que el cerebro tenga todo lo necesario para cumplir con su funcionamiento y su objetivo principal.

 

Aumenta tu ingesta de grasas naturales

El cerebro necesita glucosa para realizar su cometido eficazmente. Si le aportas mala glucosa mediante la alimentación, alcanzará su meta en peores condiciones. Simple.

Pero, el componente principal del cerebro es grasa y gracias a ella, se pudo desarrollar a lo largo de nuestra historia. Tenemos un cableado neuronal kilométrico y el cerebro necesita velocidad. En este sentido, la grasa es buena conductora del impulso nervioso que necesitamos para llevar a cabo nuestras acciones. Comer ácidos grasos poliinsaturados, entre los que figuran el salmón, las sardinas, la caballa, la trucha, los moluscos, los huevos y las nueces, te ayudarán a dotar al cerebro de un correcto funcionamiento.

Además, los niveles más bajos de colesterol total se asocian con un rendimiento más bajo en tareas cognitivas (fluidez verbal, atención y razonamiento abstracto, entre otros), en comparación directa con las personas que tienen el colesterol total más alto. Las grasas y el colesterol, a fin de cuentas, no son los malos de la película.

 

Disminuye la inflamación

Reduciendo o eliminando los alimentos industriales, disminuyendo el porcentaje de grasa corporal y controlando la flora intestinal. Hablaremos del segundo cerebro, el intestino, en próximos artículos, incidiendo en su relación con el cerebro.

 

Cambia tu entorno

Hay que diferenciar entre genética y fenotipo. Un ejemplo, para que me entiendas, son los gemelos. Mantienen la misma genética y ambos pueden tener predisposición a desarrollar Alzheimer, pero si uno de ellos cuida su entorno y sus hábitos, modificará su fenotipo para reducir el riesgo de tener esa enfermedad.

Por el contrario, el otro hermano que no tiene control sobre sus acciones, acelerará el proceso de aparición de la enfermedad. Genes + entorno = fenotipo (no olvides consultar este estudio y este artículo). Consejo: El entorno puede provocar que no tengas buenos hábitos de salud, pero al final, todo dependerá de nuestras decisiones. Si el sillón te invita a sentarte con una Big Mac, ten claro que la culpa no es del entorno.

Implementa el movimiento

Al aumentar el ejercicio, cambia la anatomía del cerebro, previniendo así la demencia y el Alzheimer, entre otras muchas enfermedades. Para entender por qué prevenimos con ejercicio es necesario analizar algunas funciones de diferentes partes del cerebro, como por ejemplo:

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El lóbulo frontal o la corteza prefrontal. Esta parte del cerebro se considera ‘The boss’, o lo que es lo mismo, el jefe ejecutivo del cerebro. Sus funciones son la toma de decisiones, la concentración y la personalidad.

Aquí se encuentra la corteza motora del cerebro, que se divide en:

  • Corteza motora primaria. Encargada de organizar nuestras contracciones musculares en movimientos significativos.
  • Corteza motora secundaria. Corteza premotora y área motora suplementaria que se encargan de planificar el movimiento y el control postural.

Esta zona está involucrada en la capacidad de reconocer las consecuencias futuras que resultan de tus acciones actuales. Elegir entre lo mejor o lo peor.

Por otro lado, el lóbulo temporal, que modula el habla, la visión, el oído y la conducta. Es aquí donde el cerebro almacena un mapa completo de nuestro mundo visual.

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Dentro de este lóbulo hay un órgano que es importante para la habilidad de formar y retener la información. Se trata del hipocampo, que almacena el recuerdo de tu primer beso o cuando te hicieron la primera “cobra”. Pertenece al sistema límbico, que es donde se recogen los instintos humanos, conocidos como impulsos.

¿Por qué es importante conocer estas partes?

Porque según la neuróloga Wendy Suzuki: “La corteza prefrontal y el hipocampo son las dos áreas más susceptibles a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Al aumentar el ejercicio, cambia la anatomía del cerebro, previniendo la demencia y el Alzheimer, siempre tras la creación de hipocampos y cortezas prefrontales más fuertes y grandes, así como retrasando la aparición de estas enfermedades.

 

Recomendaciones y consideraciones finales

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.” (William Shakespeare)

Al final, la enfermedad nos puede venir en cualquier momento. También nos puede atropellar un coche y que nos mande para el otro barrio. Eso, lógicamente, no lo sabemos. Lo que sí podemos hacer es tener conocimiento de nuestro cuerpo y empezar a tener en cuenta los factores de una salud holística mencionados anteriormente para, al menos, vivir muchos años con la mejor calidad posible.

Además, quiero que entiendas que comer esporádicamente dulces no es malo, así como salir y beber un día con los amigos, tampoco lo es. Estoy bueno para hablar si miramos mi pasado. Pero, ¿controlas tú esos momentos y alimentos o te controlan ellos a ti?

El próximo artículo será más práctico: ¿Qué material tienes que tener para desarrollar tu movimiento en el siglo XXI? Necesitarás saber esto para empezar a programar tus rutinas en combinación con el movimiento del siglo XXI. A la fuerza tradicional (HIIT, cardio y movilidad), hay que añadir progresiones de movimientos más complejos.

Te invito a comentar justo aquí debajo, a compartir en redes sociales y a suscribirte. Espero que te haya gustado esta entrada. Sin ninguna duda, estamos sentando las bases de la educación física que nunca tuviste. Las bases de una salud holística.

¡Un abrazo y hasta la próxima!