Young delivery men unloading cardboard boxes from truck on street

A comienzos de 2016 y según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), Francia ocupaba el segundo puesto como país extranjero con más residentes españoles (232.693), solo por detrás de Argentina (439.236), y superando a naciones como Venezuela (188.025) y Alemania (139.555). La cercanía del país vecino, sus mayores oportunidades laborales, la eficacia del sistema sanitario y de los sindicatos, la familiaridad del idioma, su sabrosa cocina… Son estos algunos de los motivos que impulsan a trasladarse a Francia a cientos (incluso miles) de españoles cada año. Si el lector prevé sumarse a ellos, a continuación, recogemos cuatro recomendaciones que seguro que harán de su viaje y adaptación algo más sencillo.

En primer lugar, uno de los puntos problemáticos a la hora de mudarnos a Francia suele ser la búsqueda de alojamiento. A menudo, los que allí han emigrado hablan de las elevadas exigencias de los propietarios al seleccionar nuevo inquilino: el recibo de la nómina de los últimos meses, una garantía de la familia (en el caso de los estudiantes), un depósito de dos cuotas de alquiler, o incluso el aval de un ciudadano francés. Asimismo, hay épocas mejores y peores para rastrear la oferta de pisos. Pensemos que septiembre u octubre suponen la llegada de los estudiantes a las ciudades; mientras que en junio y julio son muchas las habitaciones que quedan libres ante la llegada del verano.

Por otro lado, es probable que no podamos portar con nosotros todo aquello que nos gustaría. En este sentido, el límite para equipaje lo establecen las compañías aéreas. Además, tampoco sería buena idea arrastrar grandes maletas por el país sin tener aún un alojamiento asegurado. Así, una vez asentados, tenemos la posibilidad de pedir a nuestros familiares o amigos que nos manden ropa, libros, documentos y, en general, todos aquellos objetos personales que nos dejamos en España y ahora necesitamos. En este sentido, una solución interesante es enviarlo a Francia mediante Packlink. Se trata de un comparador de compañías de transporte que contrasta entre los servicios de las distintas empresas que operan en el país vecino. Su objetivo es localizar el producto que, por precio o plazo de entrega, mejor se ajuste a las necesidades del cliente.

En tercer lugar, es conveniente que conozcamos la burocracia a realizar en nuestro destino. De esta manera, si somos ciudadanos de un país miembro de la Unión Europa, bastará con nuestro DNI para movernos por el país. Eso sí, para disfrutar del sistema sanitario francés deberemos inscribirnos en la seguridad social. Del mismo modo, en el caso de que nuestra entidad bancaria no cuente con cajeros internacionales, lo más aconsejable es abrir una cuenta en una oficina local.

Por último, aquellos que hayan apostado por la aventura laboral se encontrarán ante la necesidad de adaptar su currículo al francés. En este sentido, si tenemos conocimientos del idioma, podemos traducirlo y pedirle a un conocido que nos lo corrija. Otra opción es basarnos en modelos aceptados internacionalmente, como el Europass.