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LA ÚLTIMA CORONACIÓN SE LLEVÓ A CABO HACE MÁS DE 40 AÑOS CON LA VIRGEN DE GUADALUPE

La imagen de La Candelaria de Chipude será coronada canónicamente

Este acto no se lleva a cabo en La Gomera después de que hace más de 14 años fuera coronada la Virgen de Guadalupe.

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La imagen de la Virgen de Candelaria, patrona de Chipude en La Gomera, acompaña a los habitantes de este populoso barrio de la isla desde hace cinco siglos (1515). Una devoción viva y arraigada en el tiempo como bien queda demostrado cada 2 de febrero y cada 15 de agosto. Esta razón ha llevado al obispo, Bernardo Álvarez Afonso, a conceder -después de presentado y estudiado el correspondiente expediente- el hecho de Coronar Canónicamente esta imagen de singular advocación mariana.

Con el sencillo y significativo gesto que ha tenido lugar este domingo de retirar las coronas de la Virgen y del Niño, comienza una serie de actos religiosos, culturales y festivos que servirán de preparación para este acontecimiento, que se repite después de 40 años en la isla cuando fue coronada la Virgen de Guadalupe, patrona de los gomeros.

La coronación canónica es uno de los Ritos litúrgicos católicos, instituido en el siglo XVII e incorporado en el siglo XIX a la liturgia romana, usado para resaltar la devoción por una advocación mariana y consiste en la imposición de una corona o coronas al icono o imagen escogida.

En un principio, se puede pensar que la Coronación canónica no es más que una celebración multitudinaria en torno a una imagen de la Virgen en la que el Obispo pone sobre las sienes de la imagen la corona que le ofrece su pueblo. Pero eso es simplemente un momento de todo lo que es una Coronación.

La Coronación Canónica es un proceso en el que hay que demostrar que una imagen concreta recibe un culto multisecular, es decir, que esa imagen haya movido desde muchos años, e incluso siglos atrás a los fieles a una veneración sincera a la Madre de Dios por medio de ese signo que es la imagen. Demostrado esto, la autoridad eclesiástica determina coronarla solemnemente, poniendo sobre su cabeza una corona. Es por tanto, una práctica especial de devoción, unida a la Iglesia.