Laura y Mamadou Foto www.heraldo.es

Paula Figols. Zaragoza.- Mamadou y Laura se conocieron hace diez años, cuando él vendía cedés en la calle y ella acababa de empezar a trabajar como abogada en Zaragoza. En esta década, Mamadou Sall -senegalés, músico- y Laura Sorribes -abogada de Extranjería- se han hecho muy amigos y ella ha peleado mucho para conseguir regularizar su situación. El último capítulo de su historia lo escribieron hace unos días, cuando Laura salvó a Mamadou in extremis de ser repatriado desde el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Madrid.

El 25 de abril, la Policía pidió la documentación a Mamadou cuando caminaba por la calle en Las Fuentes. El músico estaba pendiente de un recurso por la renovación de su tarjeta de residencia y trabajo, y no tenía papeles en ese momento. En su expediente figuraba -por error, según su abogada- una orden de expulsión de cuando era ‘mantero’. Mamadou acabó en la comisaría de Policía de la avenida de Valencia, y de ahí fue enviado al Centro de Internamiento de Extranjeros de Madrid para su expulsión en el próximo avión que saliera para Senegal.

«Cuando me llamaron y me dijeron que el juez había aprobado su internamiento en el CIE, me quedé destrozada. Podía recurrir en el plazo de tres días, pero es muy difícil que aprueben estos recursos. Nos despedimos sin saber cuándo volveríamos a vernos. Era una injusticia tremenda. Habíamos recurrido la denegación de su permiso por arraigo. Él cumplía todos los requisitos para tener papeles. Y ordenaban su internamiento en el CIE por una orden de expulsión de 2008. Pero las expulsiones de los ‘manteros’ habían quedado sin efecto cuando se despenalizó el ‘top manta’ en el Código Civil (en 2010 pasó de delito a falta, lo que no genera antecedentes penales, tras una campaña nacional de abogados y asociaciones de inmigrantes)», explica Laura.
«Tenía poco tiempo, pero decidí que iba a pelear para que se hiciera justicia con Mamadou», cuenta Laura, idealista, pasional y defensora de las causas perdidas. «Yo confiaba en ella, siempre me ha ayudado», apunta Mamadou, que cantaba en el CIE mientras esperaba noticias de Laura por teléfono.
Llegó en patera

La historia de Mamadou, de 34 años (como Laura), puede ser la de muchos inmigrantes. Llegó en patera tras un viaje «muy duro» entre Dakar y La Gomera. Estuvo en el CIE de La Gomera y luego lo mandaron libre a la Península. Llegó a Zaragoza porque aquí tenía conocidos. Su sueño era ganarse la vida como músico, pero ha tenido otros empleos con y sin papeles: en el campo, en la construcción, en la venta ambulante. Consiguió permiso de residencia y trabajo por el procedimiento de arraigo y, tras renovarlo dos veces, estaba pendiente de conseguir de nuevo los papeles. Pero sus sueños acabaron en una de las habitaciones -que parecen celdas- del CIE.

El destino de Mamadou estuvo en vilo durante tres intensos días, en los que Laura revisó su expediente y llamó a todas las puertas que pudo, mientras el tiempo corría. Finalmente la Policía aceptó revocar la orden de expulsión, que era la que motivaba el internamiento en el CIE. «El viernes me avisaron de que me podía ir. Me dijeron que había batido el récord de estancia más corta en el centro. Yo solo quería volver a Zaragoza a estar con mi gente. Soy feliz», sonríe Mamadou al recordarlo.

«Conseguir sacar a alguien del CIE es muy difícil. Hay recovecos legales, hay que pelear. Para eso me hice abogada, para ayudar a los que lo necesitan, para cambiar las cosas», subraya Laura.

Mamadou cierra los ojos para concentrarse y canta la canción «Live», dedicada a Laura, incluida en su último disco (en wolof y español). «Siempre, siempre, cuando viene la Policía, Laura va a buscarme. Da igual que hora sea. Desde que nos conocemos, es lo mejor que me ha pasado. Gracias, Laura».